Darwin encontró en su escuela un lugar para liderar y transformar su comunidad
Colombia, 03 de agosto de 2026.
A sus 17 años, Darwin* entiende que una escuela es mucho más que un lugar para aprender matemáticas o español. Para él, también es un espacio donde niñas, niños y adolescentes deben sentirse seguros, protegidos, escuchados y valorados.
Hace algún tiempo, esa no era su manera de ver las cosas. Su paso por las actividades de Escuelas Seguras, desarrolladas en el marco del proyecto Comunidades Resilientes, Escuelas Resilientes, le permitió descubrir que cada estudiante puede convertirse en un actor clave para construir entornos educativos más seguros y protectores.
Aunque aprendió sobre gestión del riesgo, rutas de evacuación, simulacros y cómo actuar frente a una emergencia, el mayor cambio ocurrió en su vida personal. Gracias al acompañamiento psicosocial del proyecto, fortaleció sus habilidades socioemocionales y comprendió la importancia de reconocer y gestionar sus emociones.
«Entendí que la inteligencia emocional también hace parte de construir una escuela segura», cuenta Darwin. Ese aprendizaje transformó la manera en que se relaciona con sus compañeros y docentes, fortaleciendo el respeto, la escucha y la convivencia dentro de su institución educativa.
El proyecto también fortaleció su liderazgo. Al sentirse escuchado y ver que sus ideas eran tomadas en cuenta, encontró la confianza para participar activamente en su comunidad educativa. Hoy ejerce como contralor escolar, un rol desde el que promueve el bienestar de sus compañeros, identifica riesgos y trabaja junto a docentes y directivos para buscar soluciones que beneficien a toda la comunidad.
«Hoy me siento más seguro, más valiente y preparado para ayudar a otros», afirma.
Para Darwin, una escuela segura no depende únicamente de su infraestructura. También se construye cuando quienes la habitan se cuidan mutuamente, participan y trabajan de manera conjunta para prevenir riesgos y protegerse.
Ahora comparte lo aprendido con sus amigos y su familia, convencido de que cada acción puede contribuir a crear comunidades más resilientes. Su mayor deseo es que todas las niñas, niños y adolescentes puedan estudiar, jugar y crecer en espacios donde el miedo no tenga lugar y donde siempre existan oportunidades para aprender, participar y soñar.

