Niñas, niños y adolescentes de la Red de Participación de Buenaventura lanzan una campaña para enfrentar mitos y prejuicios y exigir información clara, espacios seguros y educación sexual integral.
"A veces creemos que los monstruos solo existen en los cuentos, pero en nuestra realidad también hay algunos que aparecen cuando no tenemos información, cuando juzgamos a alguien por ser diferente, cuando creemos en un mito sin saber si es verdad o cuando nos da miedo preguntar". Así presentan las niñas, niños y adolescentes de la Red de Participación de Buenaventura su campaña En Tura se habla sin juicio, una iniciativa construida con el acompañamiento de Save the Children para hablar de salud sexual y reproductiva, diversidad y derechos desde sus propias voces.
La campaña propone mirar esos "monstruos" de frente: reconocerlos, nombrarlos y empezar a domarlos. Para sus protagonistas, informarse también es una forma de cuidarse. Hablar de sexualidad no debería dar vergüenza, conocer los derechos fortalece y respetar la diversidad es una manera de construir el mundo que sueñan.
Mitos, verdades y relaciones sanas
Uno de los ejes de la campaña es desmontar mitos frecuentes sobre las infecciones de transmisión sexual (ITS). Los adolescentes recuerdan que una persona puede tener una ITS y no saberlo, que algunas pueden transmitirse aunque no haya penetración, que el sexo oral también puede transmitirlas y que es posible volver a contraer una infección después de haberse curado.
También invitan a reconocer las señales de una relación sana y las de una relación que no lo es, a partir de cuatro claves: el respeto por las decisiones, la identidad y las opiniones de cada persona; la libertad para vivir la afectividad sin presiones; el consentimiento, entendido como un acuerdo mutuo; y el uso correcto y oportuno de métodos anticonceptivos. A otros jóvenes les dejan un mensaje claro: "Cuidar nuestra salud es una forma de demostrar respeto por nosotros y por los demás".
Por colegios libres de discriminación
A través de una historieta, la campaña muestra una situación cotidiana en muchas aulas: la burla hacia quien se viste o se expresa de manera diferente, y la indiferencia de los adultos que la consideran "cosa de muchachos". Frente a esto, los adolescentes hacen un llamado a Buenaventura y a la sociedad para que garanticen "colegios donde ser diferente sea un derecho, no un motivo de burla".
Una mochila de llamados a la acción
La campaña recoge las peticiones concretas de los adolescentes a las instituciones. A los colegios y sus directivos les piden garantizar espacios libres de discriminación por identidad de género. A la Secretaría de Salud le solicitan atención e información para la detección de ITS sin estigma, acceso real a métodos anticonceptivos y campañas que lleguen antes de la primera experiencia sexual, "porque el silencio también es un riesgo". Al sistema educativo le piden implementar educación sexual integral en todos los colegios, que incluya cuerpo, diversidad, derechos sexuales y derechos reproductivos.
Sus propias preguntas muestran por qué esta conversación es urgente: "Me hubiera gustado que me enseñaran más sobre la sexualidad y que no me tocara verlo sin saber de qué se trata", escribe uno de los participantes. Otros preguntan por qué solo existen métodos de planificación para mujeres o a qué edad se puede iniciar la planificación. "Escúchanos, entiéndenos y actúen por nuestro bienestar y por nuestros derechos", piden.
Un mensaje para un territorio que vuelve a empezar
Mientras construían la campaña, Buenaventura enfrentó un terremoto de gran magnitud que cambió la vida de miles de familias y dejó a muchas niñas, niños, adolescentes y jóvenes sin sus hogares. Por eso, sus autores quisieron que la campaña también fuera un abrazo para cada familia damnificada: "Aunque un terremoto pueda mover nuestro territorio, no puede mover nuestros derechos ni apagar nuestras voces".
La campaña contó con el acompañamiento del equipo de Save the Children y con el apoyo de la agencia Buena Movida, que ayudó a convertir las ideas y las voces de los adolescentes en piezas de comunicación. Como concluyen sus protagonistas, "los monstruos crecen cuando les tenemos miedo (…). Pero cuando nos juntamos, preguntamos, aprendemos y alzamos nuestra voz, los monstruos empiezan a hacerse pequeños".
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